Capilla Santo Cura Brochero

Localización: Villa Cura Brochero, Córdoba

Construcción: 2015 - 2017

Superficie: 500 m2

Proyecto: Arq. Federico Ochoa

Colaboradores: Arq. Ariane Ochoa

Equipamiento: D.I. Emiko Maekawa

Imágenes interiores: Arq. Adrian Manavella

Tipo: Obra finalizada

¿Cómo construir una capilla en honor a un santo sin caer en reminiscencias literales? Con ésta pregunta como punto de partida comenzó el desafío de diseñar una capilla en honor al primer santo argentino. La respuesta no tardó en llegar, “diseñando con espíritu brocheriano, tomando los valores y las intenciones del sacerdote pero sin caer en repeticiones morfológicas”.  En primer lugar, el Cura Brochero, trabajaba con los pies en tierra y la mirada en el cielo. La promoción social, por él impulsada, tenía por objetivo la progresiva conversión de los corazones, la capilla surge del suelo con forma romboidal pero cada tramo va sufriendo un proceso de metamorfosis hasta terminar en un vértice que apunta al cielo. En segundo lugar, el padre Brochero construyó con técnicas disponibles en ese momento y en ese lugar. Barro, paja y madera son actualizados en hormigón, acero y aluminio. Y en tercer lugar, el “cura gaucho” confió siempre en las capacidades de sus “ovejas”, la capilla fue íntegramente construida con personas del lugar sin importar la complejidad que eso demandara.

En una tipología religiosa, lo simbólico, tienen un papel primordial en la comprensión del espacio sagrado. El primer santo argentino, una persona singular, demandaba una capilla singular, cuya apariencia exterior e interior evidenciara un lenguaje moderno capaz de comunicarse con el hombre moderno pero con fuertes raíces en la tradición.

La “plasticidad” del Hormigón armado lo convierte en el material ideal para plasmar la morfología significativa de la capilla. Dos paraboloides hiperbólicos de 8 cm. de espesor unifican, en un solo elemento, estructura, función y espacio.  El edificio se completa con materiales simples y austeros, presentes en cualquier vivienda del lugar, ladrillos, madera y piedra.

El conjunto de signos se completa con una distribución centralizada y una metáfora de la gracia divina. La organización funcional centralizada es más adecuada como evocación de la última cena, institución de la eucaristía, origen de la santa misa. Cena pascual en la que los cristianos se reúnen participando todos del ágape en torno a una mesa doméstica. Por último, la percepción de la luz tiene una fuerte conexión con la experiencia de la gracia de Dios. Dios es invisible a nuestros ojos, sin embargo, su acción y su gracia llena nuestras vidas. La “fuente” de luz de la capilla es inaccesible a la vista, sin embargo la claridad lo inunda todo y el espacio sagrado se nos revela.